Jesús del Pozo, un innovador en toda regla


La Sala Canal de Isabel II ha recogido 50 piezas originales de Jesús del Pozo para promover el proceso creativo que llevó a cabo el diseñador español y los referentes culturales en los que se inspiró.

Al acceder a la sala de exposiciones sorprende la oscuridad. La ausencia de sonido o música también desconcierta. El espacio es reducido e incluso algo claustrofóbico, como una cápsula que contuviera algo valioso. Sin embargo, al levantar la mirada, el ojo se topa con un techo infinito, una estructura desnuda, parecida a un andamiaje. El ambiente logra su objetivo: provocar una absoluta inmersión en las creaciones del diseñador Jesús del Pozo.

Para esta exposición, se seleccionaron 50 piezas del diseñador, pertenecientes a la Fundación Jesús del Pozo y coleccionistas privados. Todas ellas lograron aportar una visión única de su trabajo y de las referencias latentes en sus piezas.

Las cinco plantas de la exposición y su forma circular, consiguen que el visitante no pierda ningún detalle y al tiempo se involucre en las ricas sensaciones que sugieren los vestidos. La exposición arrancaba como es costumbre con un panel explicativo sobre la figura del creador y una espléndida selección de cinco piezas, iconos de su obra. Cada una de ellas representativa del uso que Del Pozo hacía del color, las formas y los materiales: desde un vestido con el que ayudó a impulsar el movimiento de la “Movida Madrileña”, compuesto de organza, cristal y metales, hasta una gabardina de algodón satinado.

La primera planta recogía las obras que muestran su control sobre la forma, el volumen y la geometría así como el magnífico manejo del color. Esta planta incluía los guiños de Jesús del Pozo hacia la cultura española a través de los guardainfantes y el verdugado.

En la segunda planta se rindió homenaje a una de las grandes pasiones del modisto: los viajes exóticos a Oriente y a Egipto. En este punto la fuerza de las emociones que Del Pozo ha logrado comunicar al visitante, ya no añora más luz o algo de sonido: las prendas han logrado cautivarle y sólo la vista es suficiente para entender la maravilla de las creaciones. Se percibe el detalle en la confección, el talento y el esmero con el que están elaboradas, la riqueza de los tejidos, bordados, pintados o cosidos con absoluta perfección.

La tercera planta se detiene en el proceso creativo del diseñador explicando de forma audiovisual el gusto del diseñador por la experimentación: creando sus propias gamas de color, inventando técnicas para crear nuevas texturas y formas.

Acceder a la última planta significa descubrir la cuba, que es la corona del edificio. Cuatro vestidos iluminados van ganando o perdiendo intensidad aleatoriamente. Estas luces pretenden dotar de transparencia al tejido. Al contemplar las piezas de nuevo el sonido vuelve a estar presente. Puedes oír la conversación del grupo sentado al otro lado de la sala porque la cúpula de techo redondo, amplifica y rebota el sonido a través de la sala: este descubrimiento hace que regrese a casa con una sonrisa, después de haber estado durante una hora en un mundo de ensueño.

Alumno: Fátima Caro. 2º Periodismo y CGM
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