La mascarilla, el complemento que jamás se hubiera imaginado






“Los diseñadores no han abandonado sus líneas de producción para dedicarse exclusivamente a hacer mascarillas, pero han visto en ello una nueva oportunidad de generar algo de liquidez”, afirma Pepa Bueno, directora de la Asociación de Creadores de Moda de España.

La moda es un completo reflejo de los acontecimientos que suceden en la sociedad del momento. Los hippies crearon su propia moda en los 60’ gracias a un movimiento que optaba por la simplicidad y que apoyaba la artesanía y el uso de materiales naturales. En el 2017, gracias a un resurgir de movimientos feministas y a corrientes reivindicativas como el #metoo, surgió el concepto de “body positive”, que defendía la aceptación de todo tipo de cuerpos y una mirada positiva hacia la mujer. Los importantes y graves acontecimientos del año 2020 han marcado su propia moda, y en este año la novedad ha venido dada por el uso de las mascarillas.

El aislamiento provocado por el Covid-19 ha generado un impacto enorme en la industria textil. Las primeras consecuencias se aprecian con las pérdidas económicas que están teniendo las marcas, pues las dificultades para producir, el parón de las ventas, los pedidos cancelados y el cierre de las tiendas físicas ha generado una auténtica incertidumbre. Un reciente estudio en conjunto del comité italiano de marcas de lujo Altagamma, Boston Consulting Group y la firma de inversión Bernstein, afirma que únicamente en el mes de marzo, las pérdidas ascendieron hasta los 90 millones de euros, por tanto, se estima que en este año, la industria podría llegar a perder entre 30.000 y 40.000 millones de euros en ventas.

Sin embargo, los daños económicos no son las únicas consecuencias que ha ocasionado la pandemia. Reconocidos e importantes eventos para el sector han tenido que retrasar, o incluso cancelar sus ediciones debido a la imposibilidad de celebrarlo en las fechas previstas. Semanas de la moda como la de París, Londres o Shangái; la Valmont Barcelona Bridal Fashion Week, un evento de referencia internacional en el sector nupcial; o la famosa Gala MET, han quedado en suspensión o han tenido que reinventarse hacia lo digital. Pero en realidad, meses antes del confinamiento, se empezaba a vislumbrar a dónde nos podía llevar la pandemia ya que la Fashion Week de Milán y París habían sufrido ya entonces, una importante bajada de asistencia de compradores.

Y llegaron las mascarillas

Y llegaron las mascarillas. Un producto tan específico que apenas se vendía, se ha convertido en un bien de primera necesidad que probablemente tengamos que llevar la mayor parte de nuestro tiempo. Las marcas han visto una oportunidad y han empezado a comercializarlas. Esta iniciativa puede ser una forma de socorrer nuestra salud, pero también a una industria que está gravemente perjudicada. Además de dar a conocer un nuevo producto y, por tanto, aumentar las ventas, el negocio de las mascarillas de diseño aporta imagen de marca con su apoyo solidario hacia una situación tan crítica. Tratan de salvar su empresa, pero, a su vez, de concienciar a sus clientes sobre la gravedad del asunto y la conveniencia de llevar mascarilla.

¿Un nuevo complemento?
De este modo hemos llegado a que el accesorio por excelencia del 2020 no sea un bolso mini ni unas deportivas con maxi plataforma: son las mascarillas. Hasta hace meses, en occidente se miraba de forma extraña a todo aquel que fuera con una por la calle; sin embargo, a día de hoy, es raro ver a alguien sin ella. El miedo al contagio ha generado un cambio radical en la forma de pensar; se ha eliminado por completo el contacto físico, es más, tratamos de alejarnos lo máximo posible y miramos al que incumple la distancia de seguridad recomendada. El silencio de las calles y el cierre de los comercios nos recuerda la tragedia que está atravesando el país; por ello, las firmas de moda tratan de ofrecer una visión optimista a sus clientes.

Desde el mercado del lujo hasta pequeñas firmas han percibido la necesidad de los ciudadanos de tener mascarillas. Han sabido convertir algo trágico, como puede ser la obligación de llevarlas por la gravedad de la pandemia, en algo risueño y llamativo gracias a los colores y estampados elegidos. Han reconvertido su producción para satisfacer la demanda que los consumidores no encontraban con facilidad. Las firmas ven una oportunidad de transformar un elemento sanitario obligatorio en un complemento estético de diseño que se lleve por gusto propio. “Está claro que la mascarilla es lo primero que nos vamos encontrar por la calle durante mucho tiempo; entonces, hay que aportarle un grado de diseño y belleza a ese producto que vamos a llevar en la cara permanentemente. Además, no sólo se está trabajando el diseño, sino que se están siguiendo las normativas”, declara Pepa Bueno.

En estas fechas, las firmas de moda deberían estar rematando los últimos detalles de sus nuevas colecciones. Sin embargo, la pandemia les ha obligado a usar la creatividad a favor de la concienciación con un producto que antes era impensable. Pepa Bueno reconoce que las firmas han sabido ver “una estrategia para que la marca no desaparezca y esté acorde a los tiempos; han demostrado una agilidad y comprensión del cambio de mercado muy grande”.

El portal digital de moda Lyst asegura que la búsqueda de mascarillas de diseño ha aumentado en un 496%. Entre todas las marcas que se han sumado a esta tendencia, Off-White ha destacado con un diseño que coloca su logo en el centro, convirtiéndose en el producto más deseado de este primer trimestre del año.

Los logos de Louis Vuitton, Gucci, Futurewear o Fendi son algunos de los estampados que más se encuentran entre las firmas de lujo. Asimismo, la icónica lengua roja de The Rolling Stones, estampados florales e incluso dibujos de bocas también tienen su protagonismo. Disney no ha querido perder la oportunidad y ha lanzado una colección con dibujos de sus películas más simbólicas para que los pequeños de la casa también estén a la moda.

La mayoría de estas mascarillas de diseño salieron a la venta tras la propagación del virus y ahora se encuentran agotadas. Billie Eilish fue una de las primeras celebrities que se preocupó por el contagio y escogió una mascarilla de Gucci para los Premios Grammy de este año. Su impacto fue tan grande que, en sólo 24 horas, la demanda ascendió a un 42%. La reconocida influencer y empresaria italiana Chiara Ferragni ha sido otra de las famosas que ha lucido su kit de precaución de lujo contra el coronavirus. En la foto que subió a las historias de su Instagram, dónde se leía “Increíble”, se podían ver dos mascarillas, una de Fendi y otra de Louis Vuitton, y dos geles desinfectantes de las mismas marcas.

Los visionarios
Algunos diseñadores ya incluían este accesorio a sus colecciones antes de la aparición del Covid-19. Creadores como la francesa Marine Serre o la española Cherry Massia se anticiparon a este momento cuando sorprendieron a su público con la venta de este complemento como uno más. Masha Ma quiso hacerlas protagonistas en el desfile Ready to Wear SS/2015 en París y la icónica firma italiana Gucci lleva varias temporadas sacando sus modelos de mascarillas a la pasarela con todo tipo de accesorios. ¿Se podría decir que todos ellos visionaron que en algún momento se “impondría” esta tendencia y quisieron hacerse un hueco en el mercado antes de tiempo o, por el contrario, ha sido algo de auténtica casualidad?

La tendencia de las mascarillas ha logrado bajar, aunque no por una buena causa, de las pasarelas al más puro streetstyle. Los influencers han sido los primeros en dar ejemplo, pero, a su vez, han sido los culpables de desatar la locura de este nuevo complemento de diseño.

En las redes se ha vuelto viral compartir fotos usando este tipo de precauciones y las celebrities no se iban a quedar atrás. Una realidad que para Europa todavía era lejana, ya se podía ver en celebrities como Gwyneth Paltrow y Bella Hadid al unirse a esta campaña con el objetivo de normalizar el uso de mascarillas. No dudaron en acudir a la Fashion Week de París y a la de Milán, pero ambas lo hicieron con este modo de precaución y se lo enseñaron a sus seguidores mediante selfies en Instagram. Úrsula Corberó, Kate Hudson o la influencer Marta Lozano son otros de los nombres que protagonizan el debate establecido entre postureo y verdadera preocupación.

El lado solidario de las empresas
Las empresas de moda no sólo han sabido ver esta nueva oportunidad de producción, sino que también han querido mostrar su lado más solidario. Las fábricas de reconocidas empresas de moda como Inditex o Mango han utilizado sus medios para elaborar material sanitario y, así, satisfacer la necesidad de equipos de protección en los hospitales. La Condesa se ha sumado a la producción de mascarillas, en una acción en la que ningún trabajador cobra y por la que cada mascarilla que se compre, la firma donará una.

Las multinacionales de todos los niveles adquisitivos han querido colaborar para frenar esta pandemia y paliar con la escasez de productos. Desde Zara, Louis Vuitton y hasta el sector de la piel de Ubrique han contado con un elevado número de voluntarios para reutilizar sus talleres y producir, principalmente, las ansiadas mascarillas.

Parar de confeccionar pantalones o vestidos para hacer material sanitario es un acto que dice mucho de la industria textil y refleja la humanidad de la que muchos aseguran que carece.

Aunque nuestro objetivo actual sea superar la pandemia, la moda continúa evolucionando y no sabremos si el uso de mascarillas habrá sido una moda pasajera o, por el contrario, ha venido para quedarse. Sin embargo, lo que sí sabemos es la reflexión a la que debe someterse las empresas y el país; tal y como afirma Pepa Bueno: “Hablamos muchas veces de la crisis de la industria textil, pero hay un hecho incuestionable y es que vamos a seguir saliendo vestidos a la calle; la ropa no va a desaparecer y, por tanto, va a seguir siendo una necesidad”. Añade que la moda ha entrado en un cambio permanente, y aunque el fast fashion ha permitido que haya más cultura de moda globalmente, “se ha convertido en una de las industrias más contaminantes del planeta y por eso ahora se habla de consumir de una forma menos compulsiva y más racional. Se aprecia mucho más la calidad y el trabajo que hay detrás de una prenda, y valores como la artesanía, la proximidad, la durabilidad y el trabajo hecho a mano los va a potenciar esta crisis”.

Alumno: Ana Vera
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