Cinco estudiantes de moda en París: la ciudad de las luces brilla con Oteyza








Sara, Giulia, Cristina, Claudia y Paula, estudiantes de  segundo curso de Comunicación y Gestión de Moda, no salían de su asombro cuando en plenas Navidades les comunicamos que la marca de moda masculina Oteyza nos había pedido ayuda para la organización de su primer desfile en la semana internacional de la moda de París.

No era para menos: Oteyza, que se ha convertido en la embajadora de la moda madrileña, iba a desfilar nada menos que en la Embajada de España en París. Pero es que eso no era todo! Íbamos a tener la oportunidad de participar en primera línea, colaborando con Paul y Caterina, los fundadores y diseñadores de la marca. Dos personas llenas de energía, elegancia y naturalidad, para aprender de primera mano, como se planifica y ejecuta un desfile de moda, en la ciudad que invento los desfiles de moda hace algo más de un siglo.

No hay palabras para describir la ilusión y, al mismo tiempo, la incertidumbre que el grupo compuesto por cinco estudiantes y dos profesoras –Laura Martín Escanciano y Paloma Díaz Soloaga- experimentamos al subir al avión, rumbo a la ciudad de París. Ese mismo día, a primera hora de la tarde, junto con los dos diseñadores ayudamos a instalar la maravillosa ropa de Oteyza: mezcla de tradición española (son expertos en la construcción de capas, galernas, sastres, sombreros cordobeses y pajaritas) y modernidad planetaria.

Una anécdota: nos contó Paul que un cliente tejano, ataviado con un sombrero de cowboy, acudió una vez a su tienda madrileña del barrio de justicia, para hacerse una capa madrileña y poder vestirla en su rancho… imaginamos que lo mismo sucederá con los elegantes parisienses cuando descubran la elegancia sencilla, limpia e inteligente que gasta Paul o la extremadamente seductora sonrisa de Caterina, que conquista la seriedad de nuestros vecinos más serios.

Pero volvamos al relato del desfile. Los salones versallescos de la Embajada, adornados con tapices de Goya y magníficos cuadros de la realeza española, realizados con exquisito arte por Juan Pantoja de la Cruz, Federico de Madrazo o Juan Llaneces entre otros. Las pinturas de los techos, junto con lámparas, muebles, relojes, alfombras crean un espacio de singular belleza que realza las piezas que desfilan convirtiéndolas en joyas únicas.

Antes del desfile, Paula y Cristina corretearon por París para lograr llevar a tiempo una capa a una de las invitadas y que la pudiera lucir en el desfile. Sara y Cristina hicieron de modelos ficticias para diseñar el recorrido de los modelos, antes de que ellos mismos lo ensayaran bajo las órdenes de Caterina y Paul. Giulia y todas las demás, ayudan a maquilladoras, modelos y resto del equipo en todo lo que necesitan, viviendo en un backstage improvisado de la Embajada la tensión y la emoción típicas de estos momentos.

El desfile Lumières sucedió en un ambiente de luminoso misterio –los modelos llevaban una vela que emitía una tenue luz titilante- moviéndose con suavidad por los salones con la cadencia de la música de Vangelis, “1492, la conquista del Paraíso”. El conjunto magnífico: capas moviéndose en el aire, grandes cuellos en crudo que cubrían a los modelos en una suerte de modernos enmascarados, mostaza, corinto, gris plomo. Todos ellos, rasgados por líneas a lo Mondrian, para aportar pequeños guiños de modernidad a un hombre clásico y rotundo.

Dos días de intensísima emoción, salpicadas de anécdotas divertidas, de aprendizaje, de profesionalidad para responder al cien por cien, al nivel de excelencia que exige un desfile en la semana de la moda masculina en París.

Cuando en la madrugada del jueves 16 de enero nos lanzamos de nuevo a las calles de Paris para emprender el camino de regreso a casa, el ambiente del grupo era no tanto de pena por que se hubiera acabado como de inmensa satisfacción.

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