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Una conversación con… Patricia Herrera

En el marco del II Simposio Fashion Intelligence entrevistamos a Patricia Herrera, Directora de proyectos especiales de Carolina Herrera New York y CH Carolina Herrera.

NOLITA esconde muchos secretos a los cientos de turistas que cada día del año, nieve o truene recorren sus calles y las del vecino barrio de SOHO. Showrooms, fiestas privadas, galerías y, sobre todo, los hogares de modelos, artistas, celebríties y socialítes de la gran manzana buscan de algún modo esconderse de miradas curiosas, detrás de las aparentemente descuidadas entradas de sus viviendas. Patricia nos recibe un viernes de abril en su casa, un precioso loft de varias plantas con una decoración cuidada y ecléctica.

El mejor ejemplo de cómo la elegancia tradicional se puede hacer moderna sin perder ni un ápice de identidad. En el cuarto de estar las cuatro grandes paredes pugnan por conquistar la atención del invitado que no sabe cuál de ellas tiene más importancia: un San Sebastián asaetado del artista italiano del siglo XVII Ottavio Vannini junto a una preciosa serpiente disecada, una pintura hiperrealista de Damian Loeb, que preside la mesa comedor y decenas de objetos de decoración exquisitos y con significado. El conjunto transmite a un tiempo una sensación preciosa de estar en un lugar acogedor y lleno de belleza. Algo imprescindible para una diseñadora como Patricia que hace compatible en su persona el equilibrio y el caos de una familia y tres niños alegres y ruidosos corriendo por todas partes.

 

Patricia comenzó su trayectoria profesional trabajando durante siete años como editora de moda de la revista Vanity Fair. Ese puesto le procuró el acceso al reducido círculo de las estilistas que acuden cada temporada a los desfiles de los diseñadores que se dan cita en las grandes capitales de la moda: presente en cada desfile, presentación y showroom, su ojo se educó para entender una industria caprichosa que se sirve de siluetas, colores, formas y tejidos para construir un mundo de apariencias.
De esta manera, tras siete años decidió dar el salto a trabajar en la gran empresa internacional creada por su madre hace 35 años en Nueva York.

La talla humana y personal de Carolina Herrera ha dejado como legado a la industria de la moda una de las marcas más respetadas y admiradas en todo el mundo. No es superfluo decir que es una de las pocas insignias creadas y dirigidas por una mujer, en un mercado tan competitivo como el norteamericano. Patricia responde con sencillez al modo en el que toma decisiones y trabaja a diario con su madre, una profesional de ritmo frenético, en una ciudad eléctrica como es Nueva York. «Trabajar con mí madre es muy exigente porque ella nunca se cansa. Es increíble por ejemplo viajar con ella a Dubaí, ya que después de 74 horas de vuelo se levanta llena de energía y siempre guapa, mientras tú estás fatal, con cara de sueño y sin arreglar. Parece que el tiempo no pase por ella. Mí madre además, tiene muchísimo sentido del humor y es muy divertida. En la oficina nos reímos muchísimo, la verdad. Pero por otro lado, no puedo evitar que ella me siga viendo como su hija pequeña, como si tuviera 72 años!. No me importa porque sé que me tiene en cuenta y me respeta: no hay secretos entre nosotras y por eso puedo decirle lo que pienso siempre, con absoluta sinceridad».

 

Autenticidad en la moda significa, para Patricia Lansing, un modo de ver la realidad que incorpora el sentido estético y la armonía al estilo de vida propio. «No importa si se vive en una «caja de zapatos» y se tiene un presupuesto reducido o se goza de una situación desahogada. Lo fundamental es que el vestir esté reflejando la realidad profunda y la autenticidad personal, no las tendencias cambiantes creadas artificialmente por la industria en su necesidad imparable de crecer». Por eso define su estilo como algo peculiar: no le gusta seguir las tendencias, sino que elige aquellas prendas que encajan en su personalidad, no sólo en su cuerpo. En su caso tiene claro que la moda que diseña y comercializa para Carolina Herrera debe respirar la esencia que rodea su propia vida: «la mujer que viste Carolina Herrera es profesional, madre de familia, moderna y ejecutiva. Se viste para su vida social, pero también para sus amigos, familia y relaciones sociales.

Al ver desde fuera la vida de Patricia puede parecer que es un cuento de hadas pero ella también ha lidiado con el fracaso. Ese gran paradigma del imaginario colectivo norteamericano, por el cual la caída es una oportunidad para celebrar una mayor redención. Según Patricia se tomó un año sabático para poder cuidar de su segundo hijo, justo después de una colección poco exitosa y criticada por la prensa. «Esa coincidencia me hizo precisamente sentirme fracasada, casi como si me estuviera escondiendo de la sociedad por el poco éxito del desfile. Con el tiempo fui entendiendo que esa no era la realidad y que yo, personalmente, no era culpable de que aquello hubiera salido mal. El hecho de que hagamos cosas que no funcionan no quiere decir que nuestra vida no tenga un sentido o haya que tirar todo por la borda. Es tan solo algo con lo que hay que convivir. El fracaso te enseña muchas cosas y para mí, aquella circunstancia fue un proceso positivo que me ha ayudado a crecer».

Pero eso no es todo: Patricia está casada y tiene tres hijos y ha tomado la decisión personal de educarlos ella misma, con todas las consecuencias. Lo que no significa en modo alguno que haya renunciado a su vida profesional o social, que continúa siendo de lo más activa. Viajes, reuniones de empresa, sesiones de fotos, presentaciones, ceremonias y un largo etcétera se dan cita en su agenda. Cuando llega el momento de hablar de balance Patricia sabe hasta dónde puede llegar en su compromiso con la vida profesional y su proyecto personal. Por eso también se siente vinculada a proyectos sociales como el de Every Mother Counts que pretende asegurar una maternidad segura en cualquier parte del mundo o GO Project que persigue la mejora de las condiciones de vida de niños en barrios periféricos de la ciudad de Nueva York.
Cuando llegue el momento Patricia y su hermana Carolina serán dignas herederas de ese gran imperio creado por su madre.